miércoles, abril 19, 2006

Nubes


Ya, desde los trabajos de Howard y Goethe, se habla de cuatro grandes tipos de formas que combinadas van a permitir reconocer otros seis, es decir, en total diez géneros de nubes; por tanto cabe preguntarse cuáles son estos cuatro tipos de formas básicas. Son cirrus, stratus, nimbus y cumulus.
La forma cirrus se presenta deshilachada, filamentosa, fibrosa, de color blanco, con tendencia, al atardecer, a adquirir una tonalidad rojiza y cuando anochece la tonalidad se hace grisácea. En la forma stratus se habla de una disposición en estrato sin forma definida. Por su parte, de nimbus se habla para aludir a nubes amorfas y oscuras que invitan a abrir el paraguas. Por último, el cumulus incita formas apelotonadas, globulares, de blanco brillante cuando luce el sol y con sombras propias.
Tal y como se ha indicado, con la combinación de los cuatro grandes tipos de formas resultan diez géneros de nubes que, desde una perspectiva vertical, se encuadran en cuatro familias: nubes altas, que incluyen los géneros cirrus o cirro, cirrocumulus o cirrocúmulo y cirrostratus o cirroestrato; nubes medias que incluyen los géneros altostratus o altoestrato y altocumulus o altocúmulo y las nubes bajas, stratus o estrato, stratocumulus o estratocúmulo y nimbostratus o nimboestrato. Se consideran nubes altas aquellas cuya base se sitúa por bajo de 2 km. de altitud, nubes medias entre 2 y 6 km., algunos autores sitúan el umbral en 5 km., y por encima de los 5 – 6 km. aparecen las nubes altas.
Por último, hay una cuarta familia de nubes, las denominadas nubes de desarrollo vertical, con dos géneros: cumulus o cúmulo y cumulonimbus o cumulonimbo.



NUBES ALTAS O CIRROSAS:
Los cirrus o cirro, cuyo símbolo es “Ci” es la denominación que corresponde a las nubes altas, filamentosas, deshilachadas, intensamente blancas cuando luce el sol que semejan una pincelada o pluma blanca en el cielo, que configuran formas de rabo de gato o cola de gallo, en ocasiones con forma ganchuda. Estas nubes están formadas por cristales de hielo, son nubes sin sombras ni lluvia, anuncian la aproximación de un anafrente cálido en el ciclón extratropical o noruego. Como se ha dicho son nubes blancas cuando luce el sol que adquieren con el crepúsculo una tonalidad rojiza y al anochecer esta se hace grisácea.
Nube alta y asimismo integrada por cristales de hielo es el cirrostratus o cirroestrato, cuyo símbolo es “Cs”. Forman una capa que cubre total o parcialmente el cielo pero no ocultan el sol, pueden dar fenómenos de halo. Son también nubes sin lluvia y con una evolución diurna de colores similar a la del cirro.
El tercero de los géneros perteneciente a la familia de nubes altas es el cirrocúmulo (“Cc”) que está integrado por cristales de hielo o puede tener un carácter mixto. En cuanto a su morfología, lo más característico es que proporciona los llamados cielos aborregados, ya que efectivamente los elementos integrados en ese banco o capa semejan ovejas tumbadas o balas de algodón. Cuando luce el sol poseen, como los anteriores, color blanco, con el crepúsculo se tornan rojizos y con la anochecida grises. Son asimismo nubes sin lluvia.



NUBES MEDIAS:
Los altoestratos (“As”) son nubes dispuestas en velo o manto de tonalidad habitualmente grisácea, que permiten conocer la posición del sol, ya que a través de los mismos éste parece como si se viera a través de un cristal sucio.
Tal y como se indicó en la sucesión de nubes que acompañan un anafrente cálido, tras los altoestratos aparecen los altocúmulos (“Ac”) que pueden, a veces, dar fenómenos de halo y muestran unos típicos cielos enlosados o empedrados.

NUBES BAJAS:
Los nimbostratus o nimboestratos (“Ns”) son nubes amorfas, oscuras, que ensombrecen el cielo e invitan a abrir el paraguas. Son nubes en su composición de cristales de hielo o mixtas.
En forma de estrato, capa o velo aparece el género estrato (“St”) que son nubes que, en ciertas ocasiones, pueden generar precipitaciones de lluvia, hielo o cinarra (nieve en forma de grajeas).
Los estratocúmulos (“Sc”) son nubes dispuestas como losas o empedrado relacionadas a veces, como sucede con el mar de nubes del alisio, con la presencia de una inversión térmica que pone techo a los ascensos.

NUBES DE DESARROLLO VERTICAL:
Los cúmulos (“Cu”) son nubes que, cuando luce el sol, blancas y brillantes, con sombra propia, de figuras bien recortadas, redondeadas, globulares, apelotonadas y, como se apuntará al citar las especies, con grado de desarrollo diverso, desde el cúmulo de buen tiempo, con escaso desarrollo en la vertical que con frecuencia marca el periodo intermedio entre dos borrascas, a los grandes cúmulos, reveladores de situaciones de inestabilidad atmosférica más acusadas.
Con todo, el género de nubes vinculado a situaciones atmosféricas de intensa inestabilidad atmosférica son los cumulonimbos (“Cb”) que son nubes que, en nuestras latitudes, pueden alcanzar desarrollo en la vertical de una decena de kilómetros, valor que casi se duplica en latitudes bajas. Así por ejemplo, un ciclón tropical aparece como un racimo o espiral de gigantescos cumulonimbos agrupados en torno al ojo de la perturbación. Dado que su enorme desarrollo son nubes de carácter mixto y naturalmente para producirse requiere condiciones de acusada inestabilidad atmosférica. Necesariamente ha de ponerse en juego un elevado potencial energético para permitir desarrollos en la vertical y a estos ascensos pone techo la tropopausa, es decir, la discontinuidad que limita a la troposfera. Los cumulonimbos, al menos la especie más importante de ellos, suelen rematar en incus (yunque).
Conviene subrayar que los aguaceros tardoestivales que esporádicamente azotan la vertiente mediterránea española se desprenden precisamente de cumulonimbos. Son las nubes que, en el lenguaje coloquial por tratarse de grandes torreones nubosos, se denominan expresamente “nubes puestas en pie” y, naturalmente, son estas nubes las que permiten, en ocasiones, aguaceros de una violencia casi inconcebible.
Para que se desarrollen requieren, en superficie, un aire sumamente inestable y con elevadísimo potencial energético, es decir, un aire que evoluciona desde niveles muy bajos, con un débil gradiente pseudoadiabático. Estas nubes no sólo son el resultado de lo que sucede en los niveles medios y superiores de la troposfera, sino también de lo que sucede en superficie. Un ejemplo prototípico de ello procura lo acaecido en La Safor el 3 de noviembre de 1987, cuando en el entorno de Oliva y Gandía se recogieron alturas de precipitación en torno a 900 mm. en menos de 24 horas.
Para tipificar las nubes, además de encuadrarlas en géneros, se manejan una clasificación de especies y variedades. Para la subdivisión en especies se utilizan como criterios como las formas, dimensiones, estructura interna y procesos causantes de dichas nubes. Por ejemplo, cuando se habla de altocúmulos lenticulares se alude a su forma lenticular, tratándose de una especie de nubes que aparece con el viento fuerte y en el caso de los cirrus, se habla de uncinatus (gancho). Otras veces sirve de referencia la dimensión como en el caso de los cúmulos y se habla de cumulus homilis para significar que se trata de un cúmulo de escaso desarrollo vertical y es indicador de buen tiempo, no pasa de mediano el desarrollo del cumulus mediocris, mientras que adquieren fuerte desarrollo y formas eruptivas las nubes correspondientes a los cumulus congestus. La referencia que sirve para tipificar la especie es la propia estructura de la nube; por ejemplo, un cumulonimbo carente de estructura fibrosa en su cima es un cumulonimbus calvus. En cambio, si el cumulonimbo cuenta con la estructura fibrosa exterior se denomina pilleus o capillatus.
Para distinguir variedades se tienen en cuenta la disposición de los elementos macroscópicos que integran la nube o la transparencia de la misma. El calificativo de vertebratus se utiliza para indicar elementos microscópicos en espina de pez. Por el contrario, si la disposición es a partir de un punto central se emplea el calificativo de radiatus. Si aparece ondulada, esta disposición se conoce como ondulatus. Si la referencia manejada hace alusión a la transparencia se habla de nubes traslucidus, perlucidus u opacus.
Algunas nubes presentan elementos muy llamativos por lo que también se utilizan para detallar su clasificación. Así se dice incus (yunque) para referirnos a la forma con la que frecuentemente terminan en su parte superior los cumulonimbos. Se habla también de arcus para aludir a una ceja o arco sombrío que los precede. En ocasiones, las nubes ofrecen bolsas colgantes, por lo que se denominan mamma o magmatus.
Al clasificar las nieblas se observan unas frontales o prefrontales resultantes de una precipitación que se desprende de la nube y no alcanza el suelo, ya que se evapora en el descenso, conociéndose esta precipitación como virga.
A veces los cumulonimbos pueden llevar asociados tornados o trompas marinas, que se conocen como tuba en relación a su forma en embudo.
Interesa asimismo mencionar algunas nubes de forma especial que aparecen vinculadas a accidentes del relieve, picos y que se forman en torno a ellos, por lo que se denominan nubes parásitas. En realidad se trata de nubes de desarrollo vertical relacionadas con las brisas de valle y montaña. Se denominan capuchas, tocas, banderas o monteras y aparecen vinculadas a accidentes del relieve muy relevantes. Un ejemplo lo encontramos en las inmediaciones de Cartagena donde las nubes forman en torno al pico Roldán (“Cuando el Roldán tiene montera, agua espera”).

1 Comments:

At 10:35 p. m., Blogger Cristian said...

Muy buen post...Pero sabes me gustaría si pudieses hablarnos sobre "mamatus" ese tipo de nubes extrañas...
Un beso, y sigue adelante..

 

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